Ya perdí la cuenta de todas las veces que he llorado, malditas lagrimas que llegan de la nada, sin pedir permiso, no perdonan lugar ni circunstancia, que acaso el no tolerar la frustración puede dañar tanto tu ser como si perdieras a un ser querido, como si perdieras al amor de tu vida, tenía que ser tan grave al punto de matar toda la fe que tenías en ti y hacerte sentir como el ser mas pobre y básico.
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